Pepito de ternura

el

Fallecía recientemente Ricardo Cantalapiedra, que allá por el 96 cerraba un artículo en aquel El País (que hoy ya no es lo que era) con “Y para cenar, un pepito de ternura“.

El pepito de ternera es mi cena favorita en días de vagancia y capricho. Os cuento cómo lo preparo yo, porque no es tan sencillo como tirar un cacho de carne entre dos trozos de pan. No, no, no. Para empezar, soy una tiquismiquis con el pan. No me vale cualquiera. Tiene que estar crujiente por fuera, pero con la miga espesa y esponjosa. Nada de barras brillantes, blanquecinas y de miga escasa y aireada. Eso ni es pan ni es ná.

Ingredientes:

  • un entrecot de ternera asturiana gordito (de un dedo de grosor como mínimo)
  • 2 dientes de ajo
  • aceite de oliva
  • sal
  • una barra de pan de pueblo (ésta es la de Panris, que no está nada mal)

Preparación:
Corta un trozo de pan del tamaño del entrecot y ábrelo a la mitad.
Pon una sartén al fuego medio/alto y dora en ella los dientes de ajo laminados, con cuidado de que no se tuesten ni quemen. Sácalos a un plato y entonces marca el entrecot en ese aceite para que coja un poco de color, se caliente y chupe el aceite del ajo. La buena carne se come casi cruda, pero como nadie es perfecto, habrá quién la prefiera bien pasada. Pobres, no saben lo que se pierden.
Coloca el entrecot sobre una de las mitades de pan, reparte sobre él las láminas de ajo y con la otra mitad, rebaña la sartén y tapa el bocadillo.
Y ahí es nada. Pocos bocadillos hay tan ricos como éste.

Imagen: BMDstudio para MacRecetas

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