Insectos en nuestro menú

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Recientemente leía en La Nueva España un breve artículo sobre la ingesta de insectos que decía así:

La FAO-ONU aconseja incluir insectos en nuestra dieta. Todo apunta, pues, a que tras haber devastado la geología, el mundo botánico y los recursos forestales, y convertido a los mamíferos en manufacturas de proteínas ajustadas genéticamente, les ha llegado la hora a los insectos. Con su plena domesticación, cría en granjas, envasado e ingreso en la cadena alimentaria se achicará el penúltimo espacio de vida en libertad, aunque su prestigio esté muy lejos del de elefantes, hipopótamos, orcas y alcatraces. Hasta ahora el bendito asco los protegía de nosotros, pero no hay barrera que resista a la necesidad. Deportes cinegéticos tan populares como el rececho del moscardón veloz, o la batida del artero mosquito nocturno, perderán su tono inmisericorde, pues no veremos ya en ellos al salvaje agresor de nuestro espacio, sino migas de pan, costritas de cereal o frutos secos fuera de su bolsa.

insectos

Pues bien, a ese artículo, el mismo escritor añade hoy otro, con un simpatiquísimo comentario:

Vista la inminente incorporación de los insectos a la dieta, recurro al asesoramiento de mi poeta de cabecera, que además es gastrónomo y buen enólogo, pues lo que no puede ser es que después de milenios perfeccionando el gusto, ahora, por un simple cambio de ingredientes, nos pongamos a comer insectos a puñados y sin acompañamiento. Transcribo su respuesta, que me llega después de que haya hecho sus químicas gustativas: «Por norma, coleópteros y ortópteros con tinto; odonatos e himenópteros siempre con blanco; a los dípteros no les va mal un rosado bien fresco; los lepidópteros indudablemente acompañados por un cava o un champagne. Los hemípteros requieren ya una grappa al menos». Le pregunto también si cree que pueden combinar con los mariscos, y tuerce el gesto. «Con los moluscos mal; y desde luego nunca servir mitilidos con blatodeos». Echo mano al diccionario y me dan arcadas.

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Creo que yo tardaré mucho en incorporarlos a mi dieta, porque sin echar mano del diccionario ya me provocan el vómito. Y de empezar, lo haría por los lepidópteros (ya convertidos en mariposa) salteados y acompañados de cava, que al menos lucirían lindo en el plato.

Artículos: Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos
Imágenes: Jonamor y Mis cosas

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